[:es]Maestro Delfino García. 1a. Parte[:]

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[:es]La Orfebrería a través de los años ha representado para el artista, el dominio del fuego y la técnica para moldear el metal, generando piezas de especial sutileza, lujo y belleza; La joyería tradicional oaxaqueña es considerada una de las Artes del Fuego, dentro de su proceso productivo el artista debe involucrar raras combinaciones entre fuerza y precisión, entre, utilidad y estética, con el único objetivo de resaltar la belleza, preferentemente, de la mujer, con accesorios únicos considerando personalidades, ocasiones, cultura, funcionalidad y estereotipos; De lo anterior resulta el alto grado de complejidad de este oficio y por ende de admiración y respeto a el Maestro Orfebre Delfino García Esperanza protagonista estelar de esta historia llena de esfuerzo, trabajo y dedicación; como parte del proyecto de la casa de las artesanías, en coordinación con la comisión de autenticidad, nos enorgullece compartir con ustedes algunos de los pasajes dentro de la vida de “Don Delfis”, como lo llamamos de cariño… sin más preámbulos esta es la tercera llamada comenzamos.

El 26 de noviembre de 1945, en el barrio de Consolación (uno de los primeros “barrios” de la ciudad de Oaxaca), como era tradición, asistida por una “partera” la Señora Guadalupe Esperanza Llaveros en compañía de su esposo el Señor Luis García Feria reciben, en el lecho de una humilde casa, a el tercer hijo de la familia, con mucha alegría en compañía de sus seres queridos, se empezó a escribir la historia de vida de nuestro gran maestro, amigo y compañero, llamándole Delfino. En esta época la ciudad se resumía a unas cuantas calles alrededor del Zócalo -plaza central- El barrio de Consolación se caracterizaba por ser uno de los barrios más humildes, ubicado en la periferia, era la entrada sur de la ciudad, donde los viajantes que llegaban por este lado, acostumbraban, a manera de agradecimiento por el buen trayecto, detenerse en la iglesia del barrio para persignarse y rendir tributo a la santa patrona del lugar, de igual manera, al salir de la ciudad lo hacían con la firme convicción de que dios cuidara su camino. En la historia de la familia se sabe que en 1880 su bisabuelo paterno pertenecía al barrio de La Trinidad de la Huertas, pasando después al de La Noria y así hasta llegar al de Consolación. En esos tiempos la tierra era del Hacendado y las parcelas se le rentaban al “patrón” en aquellos tiempos, nos recuerda don Delfino, que se habla de un tal Sr. Constantino quien era el dueño de grandes extensiones de terreno incluido el hoy llamado barrio de Consolación (Cabe mencionar que se tiene la referencia que en nuestros tiempos, su descendencia son los dueños de el hotel La Noria). Un acontecimiento que cambio la vida de muchos trabajadores de esa hacienda es que en 1930 el hacendado les vende las tierras, (se cuenta que inclusive, a algunos que no contaban con recursos, regala, muchas parcelas ), como un acto de rechazo a la expropiación que efectuaría el gobierno a raíz de la promulgación de la Ley Agraria (1915), en años anteriores, lo que se cuenta es que el hacendado tenia la facultad de escriturar por autonomía y entonces participo a sus trabajadores y pobladores de la zona, que los que estuvieran en posibilidades compraran su terreno el estaba dispuesto a escriturarles, con tal de que estas tierras se quedaran en posesión de quienes la trabajaban y no del gobierno, así que de la noche a la mañana la tierra ya no era de él y por consecuencia no podía ser expropiada; de buena o mala voluntad el hacendado les otorgo la propiedad de las tierras a todos los que así aprovecharon esta gran oportunidad, a partir de esto los horticultores pasaron a ser dueños de sus parcelas. Es así como la historia de la familia García Esperanza (familia nuclear de nuestro protagonista) se consolidaba en el barrio.

Haciendo un poco de memoria, Don Delfino nos comparte lo que sus padres y abuelos le contaban, acerca de los inicios de su lugar natal, nos cuenta que el barrio de Consolación no siempre se ha llamado así, de los primeros nombres que Don Delfino tiene referencia es el de Coyula (donde baja el coyote) debido a su cercanía con el cerro de lo que hoy es San Juanito, que a su vez pertenece a un conjunto de varias montañas, una de estas donde se encuentra Monte Alban; tiempo después adoptó el nombre de Cuatro Caminos, debido a que antes de entrar a la ciudad, precisamente en esta zona se encontraban “los cuatro caminos”, el que se dirigía para la ciudad (norte), otro hacia Ocotlan (sur), el que tomaba rumbo a Zaachila (poniente) y por último el que llevaba a el Tule (oriente), en la actualidad este lugar se encuentra en la esquina de las calles de Bustamante y el Periférico (en la glorieta de la colonia Miguel Alemán). Fue pasando el tiempo y con forme al crecimiento de la población y por ende de la cuidad, los llamados barrios, poco a poco tomaron gran importancia en el desarrollo social y económico de la zona, se les identificaba por una actividad productiva (la que la mayoría de la población practicaba), algunos barrios son Jalatlaco (Curtidores), Los príncipes (Manteleros, Rebozeros y Huaracheros), Trinidad de las Huertas, La Noria y Consolación (Horticultores y Floricultores), Xochimilco (Manteleros y Hojalateros), La Defensa, San Francisco, El Carmen Alto, El Carmen Bajo (barrios más céntricos, dedicados al comercio, sastrería, zapateros), La Merced, La Soledad o El Marquesado, etc. Estando muy pequeño Don Delfino, cuando apenas empezaba a conocer el mundo, la familia decidió cambiarse al barrio de la noria (barrio contiguo a el de Consolación), pasando aquí gran parte de su niñez apoyando a las labores de la familia, en este caso sus padres eran horticultores y floricultores, de acuerdo a esto, se sembraban legumbres y flores por temporada. A si pues la familia García Esperanza con el tercer miembro de la familia (y después otros tres hermanos más) fueron desarrollando su vida alrededor de la gran ciudad de Oaxaca.

“Cuando uno nace tiene uno contacto con la tierra así va uno aprendiendo a valorar lo que la tierra nos provee, aún recuerdo a mi mama, que con frecuencia me cargaba en su espalda con el tradicional rebozo, mientras trabajaba sembrando, regando y cosechando; a temprana edad como de 6 u 8 años aprendí a sembrar rábano largo, cebolla cambray, frijol cuarenteno, también lechuga, coliflor, zanahoria y betabel; de igual manera aprendí a sembrar flores como la alelia, nube, dalia, perrito clavel, rosales, estate, zempasuchil, penumbra y margarita”. En definitiva en tiempos pasados era mucho más común el trabajo infantil, inclusive era parte de la cohesión familiar, en consecuencia de este rasgo cultural, en la familia de Don Delfino la cosa no era distinta, nos cuenta por ejemplo, que anteriormente la escuela era de turno completo, por la mañana se entraba de las 9 a 12am y por la tarde se regresaba a clases de 3:30 a las 6 de la tarde; sin embargo las labores del campo y de la casa eran insoslayables, para cumplir con todas las obligaciones de un niño de esa época Don Delfino se despierta muy temprano, sin dudad con ayuda de un elemento campirano, estamos hablando de lo que en las familias no debía de faltar… un buen gallo giro, así nos podemos imaginar los amaneceres en la casa de don Delfino, donde mientras el sol empieza a regalarnos sus primeros rayos, el gallo toma aire y lanza el más fuerte de sus cantos, cumpliendo con la responsabilidad de anunciar que el día a comenzado, así que con esto y seguramente las indicaciones enérgicas de su padre don Delfino logra abrir los ojos y se prepara, toma su cántaro de san Bartolo Coyotepec, llega al pozo, para que con una técnica y fuerzas probadas, se dispone a llenarlo de agua para empezar con esos viajes de ida y vuelta que parecían interminables para cubrir y regar todos las tablas de la hortaliza, de aquí el dicho “tanto va el cántaro al pozo…hasta que se rompe”, mientras tanto, su madre deberá tener listo el desayuno para todos los miembros de la familia que iniciaran las labores del día. De las vacaciones ni se diga, regularmente son las fechas, que por las diferentes celebridades, sobretodo religiosas, la demanda de flores y víveres es mayor y de acuerdo a la temporada se sembraban diferentes cosas, de ahí tenemos que en Semana Santa (Abril-Mayo) por lo que tiene que ver con hortalizas (sembradas y cultivadas en “surcos”), se sembraba rábano, lechuga, col y coliflor entre otras, lo que tiene que ver con las flores (sembradas y cultivadas en “tablas”, pequeñas áreas de 1m de ancho por el largo que se tuviera el terreno, en ocasiones 80m), clavel, estate, penumbra, el perrito , margarita y rosal todo el año, en septiembre tenía que estar lista la dalia y las diferentes flores para las coronas y arreglos que se ocuparan posteriormente en la “temporada de Muertos”, de igual manera para estas fechas (noviembre) ya tiene que estar listo para el consumo la famosa flor del cempasúchil o flor de muerto; todo lo producido se comercializaba en los diferentes mercados y tianguis cercanos a la zona, para estas prácticas se utilizaba el trueque, feriar, cambalache, palabras y costumbres para el intercambio.

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